Pánico
Tuesday September 09th 2008, 10:10 pm
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El León que figura en el Arcano XI, La Fuerza (y en una de las cuatro esquinas del Arcano XXI, El Mundo) es el único de los animales presentes en la baraja del Tarot de Marsella capaz de devorar al humano.

El fin de semana compartí unas semillas del Manto de la Virgen con amigxs. Todxs esperaban alucinaciones tecnicolor, pero a nadie le vino más que dolor de guata. Y a mí: un profundo miedo a la muerte, tan solemne como alocado. Terror y horror a ser devorado por el terror y el horror.

El deseo abandonado a sí mismo. La pasión. Fuerza creativa. Valor y Fuerza. Sol.

Vivir plenamente ahuyenta el miedo a la muerte. León a las puertas del templo, guardían de la muerte plena.



Sobre La Sangre de Cristo
Friday September 05th 2008, 2:43 pm
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el ermitaño

Nuestra cultura judeocristiana y adultocéntrica propicia la fragmentación de la psique de los individuos a través de la identificación personal con el deber ser que siempre resulta tan fallida como ilusoria.

Así, por ejemplo se categoriza el crecimiento de los individuos en etapas bien separadas las unas de las otras. Dónde además cada nueva etapa en las fases de desarrollo reniega de la anterior. Se le enseña así a los individuos a sentir vergüenza de lo que fueron y pueden seguir siendo. La vergüenza sepulta los recuerdos en la irresponsabilidad del llamado inconsciente, formándose así personas que se niegan a sí mismas para entrar por fuerza en lo social maquinal. “¡Ya no eres una guagua! ¿O eres una guagua? ¡Las guaguas hacen eso!” “¡Ya no eres un niño!” “¡No te da vergüenza comportarte como un adolescente!” “¡Ya no tienes 30 años!”. Lo mismo pasa con las tendencias que se escapan a los formatos genéricos dominantes “¡Es niñita!” “¡Marimacho!” “¡Mariquita!”. A través de la vergüenza el individuo aprende a negarse a si mismo.

No te das ni cuenta cuando ya estás crecidito y reprimido hasta la autorepresión, como Dios manda, sin saber quien carajo eres en realidad. Pero hay un demonio que cada tanto irrumpe en nuestra normosis oculto en una sustancia legal como la sangre de Cristo y otros alcoholes etílicos.

Quiero dedicar las siguiente líneas a la experiencia alcohólica y la fragmentación.

Un antiguo adagio dice: “in vino, veritas”.

No te mientas más. Lo que pasa cuando se te apaga la tele durante una borrachera no tiene tanto que ver con la cantidad de alcohol ingerida como con tu incapacidad de reconocerte a ti mismo en ciertas circunstancias censuradas por tu moral de la vergüenza. A veces el sólo ambiente de libertinaje y unas copitas de más pueden hacer que relajes tu comportamiento robótico y apagues el programa moral vigilante, te sueltes. Lamentablemente no estás capacitado para reconocerte a ti mismo sin la moral vigilante y luego olvidas totalmente lo realmente divertido o enriquecedora que fue tu experiencia borracha.

No es raro entonces el fluir de experiencias homoeróticas entre individuos heteronormales ni tampoco la más desatada promiscuidad entre señoritas santurronas ni tampoco el hacer el payaso ridículo de individuos habitualmente seriotes ni tampoco la agresividad y la prepotencia de las habitualmente frustradas personalidades sumisas.

Pues si no recuerdas nada de nada, haz el esfuerzo de reconocerte en lo que te cuentan tus personas de confianza, pero sin hacer caso de sus juicios morales. Y desde ahora en adelante no recurras a esa mierda de vergüenza. Que si sientes vergüenza de ti mismo nunca descubrirás lo realmente bello que eres ni el alcance de tu soberanía.

Ámate marica, puta, ridículo payaso, iracundo tontaina. Amarse no significa creerse lo más, o ser autocondescendiente o autocomplaciente en todo. Si te aceptas y te amas tienes una base real para la transformación, puede que haya dolor, dudas, pero si te amas sabrás como avanzar.

Hoy los círculos ligados al poder le llaman lucidez a una forma de debilidad susceptible de caer en las trampas de los publicistas para comprar mierda que no necesitas. La lúcidez es la autogobernabilidad de la consciencia, no una forma de pensamiento lógico o qué se yo. Puedes ser lúcido borracho o fuertemente “drogado” si aceptas el desafio de ser el dueño de ti mismo.

Borrachx puedes descubrir muchas facetas de ti mismx, los alcances de tu ridiculez, de tu payasería, de tu lujuria, te los entrega la Sangre de Cristo.

Nunca más reniegues de ti mismx: “Pero es que estaba borrachx”.

Ninguna llamada “sustancia” va a obligarte a hacer algo que no deseas realmente, aunque no quieras asumir ni reconocer tus deseos eres tú el dueño de tus actos. Ni siquiera el Pentothal, llamado la droga de la verdad.

Contra la vergüenza la pornomancia ofrece una liberadora, mágica e impúdica exposición.