Éste es un relato de la que considero algo así como mi primera Iniciación.
Llegué con Ella a una casa de campo, rodeada de una linda pradera. Ahí me recibió mi Hermano Mayor.
Pronto yo y Ella nos fuimos a encerrar a una pieza con una cama matrimonial rodeada de cojines. Estos cojines eran sí densos y pesados. Su cara era pálida, su cuerpo muy delgado. Llevaba un abrigo largo y maquillaje obscuro.
Yo la deseaba. Se quitó el abrigo y bajo él se descubrió su cuerpo maltrecho. Toda quebrada y chueca su delgada figura. Me maravilló y empezó la guerra de cojines. Me golpeó duro con los pesados cojines y almohadas, no alcancé a defenderme cuando ya me tenía todo roto, deshecho. Alcancé entonces un delicioso éxtasis que me transportó a otro lugar.
Un pequeño planeta (acaso Plutón) que flotaba sobre un cielo de tonos fogosos y holográficos. Espacio pincelado de octarina. El suelo estaba desierto y sobre él se reunía un extraño aquelarre. Brujas y brujos ancianos con los ojos vacíos rodeando fuegos flotantes. Nadie hablaba, no parecían verme. De pronto una bruja rompió el silencio para saludarme.
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