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fr.f. Organización que reúne a los brujos del archipiélago de Chiloé. Sus miembros fueron procesados en 1880 por el intendente de Chiloé.
DUELO ENTRE HECHICEROS
Don José Manuel de Moraleda y Montero fue un cartógrafo que recorrió los archipiélagos de por aquí entre 1787 y 1796, observando, además, la vida de los isleños.
Tenía una opinión escéptica respecto a las prácticas del machitún que las catalogaba de “gesticulaciones ridículas”, las cuales, sin embargo, nunca presenció de cerca porque, dice: “me creían a mí más machi, adivino o brujo de todos ellos y lejos de concurrir a mi deseo se ocultaban a mi vista temerosos”.
Sin embargo su su nombre ha quedado asociado a la organización de la brujería a través de la secta de “La Recta Provincia”, un centenar de cuyos miembros fuera procesado, un siglo después, por el juzgado de Ancud. Ellos lo recordaban así, en 1880:
Moraleda llegó hasta Tenaún buscando gente para llevar a España. Venía de Payos (Queilen), donde no pudo enganchar a ninguno. Los veliche del sector tampoco se entusiasmaron mucho con la invitación, así que para persuadirlos se transformó en pez, lobo marino, paloma y otros animales.
La gente lo observó con complacencia y entusiasmo, pero no con tanto asombro como el navegante esperaba.
– ¿Qué no os llama poderosamente la atención las maravillas de mi arte?, interrogó preocupado el peninsular.
– De gustarnos, nos gusta, dijo, hablando por su grupo, un desconfiado tenaunino. Pero, no hay brujo de la costa, agregó, que no haga estas travesuras.
– ¿Qué también tenéis hechiceros? ¡Traédme uno al instante!
Le hicieron llegar a su presencia a la Chillpila, una famosa encantadora de Quetalco, que estaba de paso por Tenaún. Principió a romancear una especie de oración, al tiempo que gesticulaba y contorneaba su cuerpo; todo esto a orillas del mar. Las aguas se revolvieron y empezaron a producir una epecie de torbellino en torno a una de las goletas de Moraleda, hasta que la embarcación quedó completamente en seco.
–¡Hostias! ¿y cómo habéis hecho eso?, dijo con frenético entusiasmo. Sospecho que son ilusiones, musitaba, caminando por la orilla del mar. Bruñía sus ojos y llamaba a su gente de a bordo. Ellos le confirmaban:
–”¡Que estamos en plena lama, don José Manuel. Varados!”.
La Chillpilla permanecía rígida como una estatua, como si sostuviera la respiración. Lentamente fue soltando las aguas y la barquilla del alférez de fragata de la Real Armada Española, comenzó a reflotar.
– Pues que vos te habéis hecho merecedora de todo mi respeto y crédito, dijo reverencialmente el extranjero. Y, en consideración a lo que mis ojos han visto y mi corazón se ha maravillado, quiero dejaros una joya para que vosotros lo administréis y le deis el mejor uso posible. Me esperáis un instante.
Subió una pequeña piragua en dirección a su lanchón. Al rato volvió con un libro forrado en cuero, el que entregó ceremonialmente a la Chillpila, una mujer mucho más baja que él, y algo rechoncha.
–En este libro se anotan todos los secretos de este arte misterioso que es la brujería. Usádlo con juicio y avanzaréis en el dominio de los misterios de la naturaleza y del ser humano, terminó señalando el español.
Durante el mentado Proceso a los Brujos del pasado siglo se menciona el libro, por parte de quienes fueron custodios de él. Hoy se le recuerda y se le confunde con el challanco, revisorio o la mapa, instrumento que la Mayoría usa para ver a distancia.
Sin embargo, la Recta Provincia se estableció en Quicaví. Tenaún fue sólo el tránsito de una historia más larga.
PROCESO CONTRA LOS BRUJOS
“Contra Mateo Coñuecar y otros por asociaciones ilícitas y envenenamientos” , caratuló el Juzgado de Ancud a un extraño proceso contra los “brujos o curanderos de Chiloé (que) han formado por largos años, una sociedad criminal que ha producido la miseria y muerte de familias enteras… Por la ignorancia de una gran parte del pueblo que había llegado a creerse que los tales brujos eran no sólo unos sabios por sus conocimientos en medicina, sino tenían facultades sobrenaturales para hacer morir a las personas que no obedecían sus mandatos “. Con estas palabras lo establecía el intendente de Chiloé (1877-1883), don Luis Martiniano Rodríguez, quien deriva esta persecución en un proceso a más de un centenar de indígenas. El Sínodo de 1851, reglamentó también castigos a quienes estaban envueltos en prácticas de brujería y de machis.
El proceso de 1880-81 determina un conocimiento más exacto de la “Recta provincia”, pero en momentos en que la secta comenzaba a desviarse de su carácter étnico.
Es interesante conocer fragmentos de la declaración de Mateo Coñuecar, oriundo de Tenaún, hecha el 26 de Marzo de 1880:
Es una “casa subterránea… que se halla situada en una quebrada inmediata a la casa en que vivió el finado José Marimán (brujo), de donde hay un camino para llegar a ella. De la casa donde vive Aurora Quinchén (hechicera) también distancia de cuarenta metros. Esa habitación adentro está enmaderada, tiene una mesa, cuatro sillas principales y tres bancos de madera”.
Este recinto nunca fue hallado y -hoy en día- la creencia señala que la Mayoría ya no funciona en esa cueva. Se supone que residen en forma permanente dos seres humanos transformados a un condición semi-animal. La declaración de Mateo Coñoecar expone claramente a estos seres.
“Ahora veinte años (1860) y cuando era Rey José Marimán se le ordenó fuera a dicha cueva para llevarle carne a unos animales que habían dentro de ella. Cumplió la orden llevándoles carne de un cabrito que degolló, Marimán acompañó y al llegar a la cueva, éste comenzó a dar unos saltos que acostumbraban los brujos y en seguida abrió la puerta. Esta se halla cubierta con una capa de tierra (tierra con pasto para ocultarla) y después se halla con una chapa que tiene llave de alquimia (latón). Se valió de ésta para abrirla y luego vinieron de adentro dos seres completamente desfigurados que se parecían el uno a un chibato porque también se arrastraba y el otro era un hombre desnudo y con una barba y el pelo que le llegaban a la mitad del cuerpo y que eran completamente blancos. A este último conocían con el nombre de “Inbunche” y a aquél con el de “Chivato”. Éste también tenía el pelo y la barba blanca y muy largas y su cuerpo lo tenía cubierto de una especie de cerda que le habían hecho salir con la yerba “Picochihuín” que se halla en los “Traiguenes” o saltos de agua, con la cual le hacían fricciones y también se la hacían beber, secándole el zumo de las hojas”.






